El estrés se relaciona con la sensación del individuo de que las demandas que requiere la tarea a la que se enfrenta superan sus capacidades o habilidades. También, con la sensación de estar sobrecargado y no llegar a todo: trabajar, cuidar de una casa, hacer ejercicio, estar en contacto con familia y amigos, etc. En las ciudades las distancias son más grandes, lo que implica invertir más tiempo en los desplazamientos, a lo que se añaden atascos o medios de transporte abarrotados. Por otro lado, existe mayor contaminación en todos los niveles: atmosférico, acústico, lumínico, etc. Además, hay mayor sensación de inseguridad ciudadana y las demandas de los trabajos son más exigentes por lo que hay más gente y mayor competitividad, lo que aumenta la sensación de estrés. Ello va a conlleva a no tener tiempo para cuidar nuestras relaciones personales, lo va a repercutir en la sensación de sobrecarga ya que, los momentos de relax se convierten en algo estresante.
Algunas de las consecuencias del estrés pueden ser: fatiga, ansiedad, problemas gástricos o musculares, problemas de sueño, sentimientos de ánimo bajo, culpa, inutilidad.
El trabajo puede ser más inestable por ejemplo, si se trabaja en el campo ya que depende del clima y de las demandas del mercado. Hay menos gente y menos consumo por lo que negocios de cara al público pueden tener alguna dificultad.
Puede ver mermadas sus posibilidades de ocio o no estar cómodos con la sensación de la cercanía de la gente surgiendo el estrés cuando se está acostumbrado a un alto nivel de actividad y se pasa a tener más tiempo libre y no saber cómo gestionarlo.