No es intuición, es ansiedad anticipatoria.
La ansiedad anticipatoria son aquellos pensamientos y sensaciones intrusivas que nos llevan a interpretar la realidad de una manera catastrofista.
Llamamos intuición a lo que en psicología se conoce como ansiedad anticipatoria.
Es decir, a pensamientos y sensaciones intrusivas que nos llevan a interpretar la realidad de una manera catastrofista, pero sin que existan suficientes pruebas que sustenten nuestras teorías.
Por ejemplo, la convicción de que tu pareja te está siendo infiel, la sensación de que caes mal a la gente del trabajo o el presentimiento de que, de repente, algo malo va a pasar.
A medida que esta ansiedad anticipatoria gana poder, se producen cambios en tu forma de procesar la información.
El primero es un estado de alerta cognitiva permanente.
Vives tu vida con la sensación de que en cualquier momento, vas a tropezar.
Esto te hace sobreanalizar cada conversación, imaginarte las posibles consecuencias de una decisión trivial o importante, e incluso evitar experiencias sanas solo porque te da miedo lo desconocido.
La ansiedad anticipatoria puede afectar a tus relaciones sociales.
Esto es lo que ocurre cuando siempre estás a la defensiva interpretando como ataques las intenciones de los demás.
A largo plazo, pueden surgir conflictos con personas con quienes tienes confianza –por ejemplo, discutiendo con tu pareja– pero también mucha ansiedad reprimida con otras personas –por ejemplo, rumiando una y otra vez el pensamiento de que la gente de tu trabajo te odia, pero callándotelo por vergüenza–.
En último lugar, pero no por ello menos importante, la ansiedad anticipatoria puede dar pie a reacciones físicas muy molestas: insomnio (agravado por las preocupaciones constantes), dolor de estómago, dolor de espalda, problemas digestivos, eccemas, palpitaciones, disfunciones sexuales como anorgasmia o falta de excitación, etc.