Saber cuándo y dónde comunicarnos es crucial. Intentar comunicarte con ella cuando estás cansado/a, estresado/a o enfadado/a no es lo más recomendable, es preferible esperar a que ambos os encontréis calmados y dispuestos a escucharos.
Escuchar activamente es importante, no interrumpas, no juzgues y no intentes solucionar el problema inmediatamente. Cuando tu pareja intente comunicarse contigo, presta atención a lo que está diciendo, tanto a las palabras como al tono de voz. Simplemente escucha y trata de entender su punto de vista.
Pensar antes de hablar es la mejor forma de evitar malentendidos y conflictos cada vez mayores que puedan repercutir en vuestra relación. Así podrás crear un espacio que dé cabida a la reflexión e identificación de aquello que queremos decir, ya sean sentimientos, pensamientos, palabras concretas… Expresarlo de forma asertiva, respetando también a la otra persona, fortalece la base de un vínculo sano.
La comunicación efectiva está construida sobre la base de la empatía, respeto y asertividad, sobre nuestras propias inquietudes tratadas con consideración por nosotros mismos y por los demás. Todos deberíamos ser escuchados y no juzgados. Estar abiertos a explorar con paciencia, a comprender al otro, aunque no estemos totalmente de acuerdo, es parte del aprendizaje de la vida.
Si tu pareja te habla, responde con transparencia y honestidad. Haz preguntas si necesitas que te aclare algo, no presupongas, la mente crea miles de escenarios posibles que quizás nada tenga que ver con la realidad y puede llevarte a malentendidos. Si consideras que no es el momento oportuno, transmítele que necesitas un tiempo para pensar.