Para mejorar la confianza con los demás, es importante trabajar en nuestra autoconfianza.
Compararnos con nosotros mismos e inspirarnos en los demás, sin comparar de manera peyorativa nuestras cualidades o rendimiento con el de otras personas, es clave.
Imaginamos que tienen vidas perfectas, extremadamente felices, o no vemos todo el esfuerzo que hay detrás de los éxitos.
Inspírate en los demás para aprender, pero compárate solamente contigo mismo.
Querer ser otra persona es un desperdicio de la persona que eres.
Conocernos, no a través de la opinión o juicio de los demás, sino a través de la introspección y del análisis, desde dentro.
Escúchate, entiéndete y acéptate amablemente.
Cuestiona las «etiquetas» que te hayas o te hayan puesto: ¿de dónde vienen?
¿son reales a día de hoy?
Desprendernos de etiquetas y juicios de valor ayuda a avanzar más ligero.
Nada es particularmente difícil si lo divides en pasos pequeños.
La autoconfianza se manifiesta fundamentalmente en esa voz interior que nos acompaña la mayor parte del tiempo.
Fíjate en la manera de hablarte: ¿Eres asertivo y amable contigo mismo?
Háblate como lo harías a un buen amigo, con amabilidad, respeto, sinceridad y sobre todo cariño.
Siempre estás contigo mismo, así que es mejor que disfrutes de la compañía.
No hay mejor manera de fomentar la confianza que actuar, arriesgarse, lanzarse a la acción.
La confianza viene con la acción y la experiencia a enfrentarnos y resolver situaciones.
La inseguridad forma parte del camino.
No podemos esperar a sentirnos confiados para actuar.
Para ganar confianza hay que ser valiente y lanzarse a la acción a pesar de las inseguridades.