Lo primero que debemos hacer es averiguar si la autocrítica es la responsable de nuestro malestar y ser conscientes de cuándo lo es. Para ello, cada vez que nos sintamos mal y no tengamos muy claro el origen del sentimiento, debemos hacer un ejercicio de reflexión y escuchar a «nuestra mente». Si, efectivamente, detectas que tu crítico interior está a pleno rendimiento lanzando críticas sobre ti, es el momento de prestarle atención. No nos referimos a analizar lo que está diciendo ni valorar si tiene razón o no. Simplemente ser conscientes de que la fuente de malestar en ese momento es nuestro crítico interno. Una vez localizas la causa, existen menos posibilidades de dar por sentado todo aquello que está «diciendo dentro de tu cabeza». De alguna manera, te haces con el control de la situación. Cuando conocemos el origen del mensaje, podremos decirnos a nosotros mismos que no somos lo que nos dice nuestro crítico, sino que esas palabras corresponden a otra persona. En caso de no ser capaces de reconocer el origen, la tarea es la misma, tener claro que no somos la crítica, sino que esa crítica la hemos interiorizado a raíz de las palabras de otras personas. Debemos diferenciar entre aceptar y estar de acuerdo. En este caso aceptamos la crítica en el sentido de no luchar contra ella, de no resistirla y no negarla porque, en palabras de Jung: «Aquello que niegas te somete y aquello que aceptas te transforma». Se trata de ser consciente de la situación. Nuestro crítico nos está atacando, nos está haciendo daño, reconocemos ese daño y le pedimos que nos trate de una forma más amable, puesto que somos conscientes de que la crítica es desproporcionada. Vamos a dedicarnos a buscar pruebas que le demuestren que lo que está «diciendo de nosotros» no es cierto. Es entonces cuando debemos hacernos conscientes de esa parte de verdad, aceptar que, como todo el mundo, tenemos «defectos» y perdonarnos por ello. Perdonarnos a nosotros mismos en el sentido de no culparnos por no ser perfectos. Enseñándole a no ser tan cruel. Vamos a tener que vivir con la crítica interna toda la vida así que lo mejor es que empecemos a llevarnos bien. Enseñándole modales. Cuando nuestro crítico comience a atacarnos, trataremos de reformular aquello de nos dice, utilizando palabras más cálidas y compasivas, de la misma forma en que nosotros criticaríamos a una persona a la que queremos. Esto es, tratando de ser constructivos y evitando herir los sentimientos. Una posibilidad puede ser reformular de forma positiva. Si nuestro crítico nos dice «has vuelto a hacer eso mal», podemos sustituir esa expresión por «voy a intentar encontrar la manera de hacer eso bien». La autocrítica nos va a acompañar siempre, pero podemos optar por hacer de ella una herramienta constructiva, una compañera que nos ofrezca mejores consejos y nos ayude a crecer.