La autocrítica es esa vozcita que nos juzga y valora dentro de nuestra cabeza. La mayoría de nosotros la escuchamos pero para algunas personas la autocrítica puede ser muy perjudicial. La voz que escuchan siempre está ahí para criticar su comportamiento, hacer que se sientan culpables de los eventos negativos que atraviesan y, en definitiva, para arruinar su autoestima y alejarles de sus sueños. La voz de nuestro «crítico interno» no se puede hacer desaparecer, pero podemos tratar de «domarla» para que sus efectos no sean tan negativos en nuestras vidas. Si no ponemos le ponemos a raya, si no tenemos herramientas para combatir la autocrítica, continuará saboteando nuestro amor propio y nuestra confianza en nosotros mismos.
Los mensajes que nos envía, muchas veces han sido palabras que hemos interiorizado en el pasado, siendo niños o jóvenes, de personas que han sido duras con nosotros. Nuestros padres, maestros, compañeros de colegio, pueden habernos dicho en el pasado alguna frase que hayamos interiorizado sin darnos cuenta y ahora, nuestro crítico interno nos la repite, haciéndonos daño. Si somos capaces de localizar el origen de el mensaje dañino, podremos separarnos de él.
Cuando conocemos el origen del mensaje, podremos decirnos a nosotros mismos que no somos lo que nos dice nuestro crítico, sino que esas palabras corresponden a otra persona.
En caso de no ser capaces de reconocer el origen, la tarea es la misma, tener claro que no somos la crítica, sino que esa crítica la hemos interiorizado a raíz de las palabras de otras personas.
La autocrítica nos va a acompañar siempre, pero podemos optar por hacer de ella una herramienta constructiva, una compañera que nos ofrezca mejores consejos y nos ayude a crecer.