Dedicar un tiempo especial a nuestra hija o hijo diariamente.
Es un tiempo de encuentro, sin pantallas y sin reclamos, donde todos disfruten de las actividades compartidas.
El mejor tiempo especial es aquel donde el pequeño se siente competente y donde puede mostrar sus habilidades.
No debemos utilizar los momentos compartidos, como las comidas familiares, para estar corrigiendo y sermoneando.
La conversación familiar en distintos momentos es muy poderosa porque, además de fortalecer la relación, enseña habilidades de comunicación, habilidades sociales, amplía conocimientos, fortalece la autoestima, entre otros.
Puede ser con besos, abrazos, sonrisas, frases alentadoras o reconocimientos emocionales.
Aún en los momentos de corrección, las niñas, niños y adolescentes deben sentir que es por su bien y que sin importar el error, el amor de las madres, padres y cuidadores sigue intacto.
Fomentar su participación y toma de decisiones.
Debe sentir que confiamos en ella o en él y que es importante y parte de la familia.
También debe tener responsabilidades dentro de la casa acordes con su edad y posibilidades.
Reconocer, estimular y fomentar sus fortalezas.
Aún en los momentos de corrección todas las niñas, niños y adolescentes, independientemente de sus condiciones físicas o mentales, tienen fortalezas que podemos potencializar, reconocer y aprovechar para desarrollar nuevas habilidades.
Las madres, padres y cuidadores que logran una buena relación con sus hijas e hijos logran más cooperación de su parte y se convierten en líderes que inspiran, que enseñan con el ejemplo y que logran persuadir sin recurrir a premios o castigos.
Cuando la conducta de las hijas e hijos se esté poniendo difícil para usted, deje de regañar y castigar y vuelva a buscar formas para fortalecer la relación y el vínculo.
Primero la conexión antes de la corrección.