La verdadera razón está en nuestra incapacidad emocional de DAR y AMAR INCONDICIONALMENTE a nuestros hijos.
Estoy haciendo, haciendo, y haciendo…
Nos refugiamos en el hacer para huir de la intensidad emocional de nuestros hijos y podemos llegar a utilizar las tareas domésticas como refugio para dejar de sentir esa intensidad que nos duele y nos ahoga.
Muchas de las reacciones emocionales automáticas que tienen nuestros hijos tienen mucho que ver y están muy relacionadas con lo que no están recibiendo pero que, sin embargo, sí están necesitando.
A veces evitamos parar para DEJAR de sentir eso que tanto nos duele.
Cuando estamos en el hacer EVITAMOS SENTIR.
Para poder sentir o percibir lo que le pasa al otro primero tenemos que poder estar en contacto con nosotros mismos.
Si no podemos ni sabemos conectar con nuestro verdadero SER más profundo e íntimo, nos va a ser mucho más difícil, por no decir imposible, conectar con el ser de otra persona.
Si no podemos estar presentes (dedicarles nuestra atención con cuerpo y alma) en ningún momento del día (aunque solo sean 10-30 minutos), el niño siente que mamá NO está por y para él incondicionalmente.
Siente vacío y abandono emocional.
Cuando no podemos estar presentes perdemos la conexión entre madre e hija, entonces es cuando el niño no se siente mirado, no se siente amado, no se siente merecedor, ni importante.