Dile lo especial que es, las palabras tienen magia. Sentirse vistos, valorados y amados es esencial para su bienestar emocional. Un Me encanta cómo has hecho eso refuerza su confianza. Un simple Te quiero mucho puede cambiarle el día. Decirle Estoy orgulloso de ti sin que haya un motivo concreto le enseñará que su valor no depende de sus logros. Regálale tu tiempo, sin móviles ni distracciones, 10 minutos al día de atención plena pueden hacer maravillas. Leer un cuento juntos, jugar a algo que le guste o simplemente charlar le hará sentirse importante. Apaga el móvil y mírale a los ojos cuando te hable. Sorpréndele con pequeños detalles, no hacen falta grandes regalos para demostrar amor, los pequeños gestos cotidianos pueden marcar la diferencia. Déjale una nota en su mochila con un mensaje cariñoso. Prepara su comida favorita sin que lo espere. Dibuja algo juntos o hazle un regalo hecho a mano. Haz cosas por él, los actos hablan más que las palabras, los niños perciben el amor no solo en lo que les decimos, sino también en las pequeñas acciones del día a día. Prepararle el desayuno con cariño. Ayudarle con algo que le cuesta sin que lo pida. Preguntarle cómo se siente y escuchar sin interrumpir. Abraza, besa y juega con él, el contacto físico es una de las formas más poderosas de fortalecer la conexión con los niños. Un abrazo largo al despertar o al llegar del colegio. Un choque de manos especial o una palabra clave entre vosotros. Juegos físicos como cosquillas o peleas de almohadas. Cada niño tiene su propia manera de sentirse querido, algunos necesitan escuchar palabras bonitas, otros prefieren compartir tiempo o recibir gestos de cariño. Lo importante es descubrir qué hace brillar más sus ojitos y hacerlo parte del día a día. El vínculo con tu hijo se construye en los pequeños momentos.