La neofobia es el miedo al cambio.
Los cambios dan más miedo todavía que mantener ese nivel de infelicidad a raya, aunque a la larga cruzar ese umbral y salir de nuestra zona de confort y de nuestra programación interna da muy buenos resultados.
Y qué miedo nos da cambiar el trabajo, ¿verdad?
No eres feliz con lo que estás haciendo o con las personas con las que trabajas y sin embargo ahí sigues, día tras día, ahogándote en la necesidad de huir mientras el subconsciente te envía mensajes contradictorios: nunca vas a encontrar algo mejor que esto, tienes mucha suerte de estar trabajando aquí, si te vas no vas a tener donde caerte muerto…
Dejar ir personas, situaciones que no te gustan pero por las que pasas por quedar bien, objetos de todo tipo que lo único que hacen es estorbar y acumular porquería encima que luego debes limpiar y experiencias que no te llenan y que te hacen ser cada día un poquito más triste… dejar ir todo esto es liberador.
Porque abandonar estas cosas en el camino es otra manera de avanzar.
Lo único que tenemos que hacer es parar un momento a reflexionar qué es aquello que queremos dejar atrás y pasar un filtro muy sencillo -aunque emocionalmente duro en ocasiones- que determinará si aquello que está en juego permanece a tu lado o se va.
La persona, el objeto, el lugar… cualquiera de ellos puede haber dejado de tener sentido.
Una relación que haya dejado de entusiasmarnos y que ya no nos aporte nada, tanto de tipo romántico como amistoso, un objeto que en su día compramos porque nos parecía bonito pero que ya hace mucho tiempo que ni siquiera miramos, una cafetería en la que tomamos café a diario desde hace años pero que ya no tiene el encanto que tenía cuando la elegimos la primera vez y nos impide ver más allá de la rutina que tenemos establecida.
Otro filtro interesante es la consciencia sobre las quejas.
Nos quejamos a menudo de personas, cosas y lugares que no nos convencen, y sin embargo seguimos al lado de todas ellas.
Si podemos cambiar o apartar a un lado lo que nos hace infelices, hagámoslo, ¿no?
De por si acasos está lleno la vida, porque dejar ir no siempre es fácil.
En ocasiones cuesta muchísimo hacerlo.
Pero para ser un poquito más felices debemos fijarnos atentamente en qué cosas, personas y lugares nos aportan verdadero valor y qué cosas lo hacían pero ya no lo hacen, o qué cosas nunca han tenido realmente valor alguno.
Dejar ir implica dejar espacio para otras cosas que sí que te aporten lo que hoy necesitas.
Las personas cambiamos, y nuestras necesidades también, con el tiempo.
Por ello, si necesitas revisar qué es aquello que está fallando en tu vida y qué es lo que necesitar dejar ir, ponte en contacto con nosotros.
Los psicólogos del centro Lagasca, en el barrio de El Retiro, están para ayudarte a poner todos esos asuntos en orden, a hacer hueco en tu vida para las cosas buenas que están por llegar.
Libérate y te llámanos.