Tener o mejorar una buena relación entre padres e hijos, sobre todo a edades tempranas o adolescentes, no siempre es fácil.
La base más sólida para construir luego todo lo demás es la comunicación abierta, a ser posible desde lo más temprano posible.
Es muy importante que los padres aprecien la individualidad de sus hijos.
Que se pongan en su lugar, les entiendan, les conozcan y no les censuren es básico.
Hay que hacer muchas preguntas, compartir actividades y sobre todo, tener rutinas familiares.
No debemos oponernos al uso de las pantallas por parte de los niños o adolescentes, sino aprender a compatibilizarlo con otras formas de entretenimiento y ocio que puedan hacerse en familia.
Cuando juegas a algo te centras en algo tangible, cercano y divertido.
Es una forma de generar vínculos de una forma “encubierta” que no deja de ser eficaz.
Así, además de aportarnos tiempo de calidad con nuestros hijos, los juegos de mesa y de cartas también potencian otros valores y facetas útiles para nuestro desarrollo personal y social como la creatividad, la paciencia o la memoria.
El mundo de los juegos de mesa ha evolucionado mucho pero lo más importante es que entretengan.
Hay juegos rápidos como el Dobble que mejoran la memoria y los reflejos de los niños.
Otros como ¡Aventureros al Tren! que desarrollan la planificación de acciones y estrategias a medio plazo; u otros que potencian la creatividad e imaginación como Dixit.
Así pues, podemos decir que jugar juntos a juegos de mesa ayuda a estrechar la comunicación entre adultos y jóvenes porque plantea tener un objetivo en común, compartir algo único priorizando en cualquier caso la diversión.
Son una manera de democratizar la relación entre padres e hijos que, si bien puede ser forzada en un primer momento (si el adolescente no cede) luego sucederá de una forma casi orgánica y natural.