Dejar de culparlos tiene que ver con asumir la responsabilidad sobre la propia vida. Esto incluye sentimientos, emociones y decisiones. Cuando uno ha tenido muchos problemas con los padres, existe la tentación de culparles a ellos por todos los errores de uno.
Emanciparse emocionalmente de los padres supone la capacidad para aceptarles tal y como son, y tal y como fueron. No importa cuánto se reniegue, eso no va a cambiarlos.
Resulta mucho más inteligente y librador tratar de entenderlos y aceptarlos, rescatando lo mejor de ellos.
Amar es una forma de emanciparse emocionalmente de los padres. Ese amor no tiene que ser intenso, pero sí real.
Lo adecuado es que esté compuesto por respeto, consideración y buenos deseos hacia ellos.
Es un camino para que su presencia no siga gravitando en nuestras vidas.
Intentar ponerse en el lugar de los padres es un ejercicio muy liberador.
Incrementa la comprensión hacia lo que hicieron o dejaron de hacer.
Permite profundizar en sus motivaciones y en los obstáculos que han tenido, no solo como progenitores, sino también como individuos.
Siempre hay mucho que agradecerles a los padres, pese a los errores que hayan cometido.
La vida misma es un regalo que nos dieron, así no hayan sabido cultivar de la mejor forma esa vida que les fue encomendada.
Nadie llega a ser adulto por sí solo.
De seguro, en muchos momentos esos padres estuvieron ahí para cuidarnos, alimentarnos, protegernos de la enfermedad o de los peligros y tratar de hacer de nosotros gente buena.
Es mucho mejor enfatizar en todo eso, que en aquello que no nos dieron.
La gratitud crea puente en las relaciones con los demás, especialmente con nuestros padres.
El pasado puede atravesarnos, siendo un obstáculo importante para dejar atrás el odio.
Nadie puede pasar página y hacer como si no existiera ese ayer.
La mejor manera de ubicarnos en el presente es volviendo a ese pasado con una mirada comprensiva.
Profundizando en lo que fue y en las razones para que así fuera.
Apropiarse del pasado es un paso necesario para emanciparse emocionalmente de los padres.
Esa apropiación supone una reinterpretación de lo sucedido a la luz de lo aprendido.
También una aceptación plena de qué fue, cómo fue y solo podemos hacernos cargo de las consecuencias.
Lo único que sigue es crecer.