Respirar y relajar el cuerpo.
Lo primero es recuperar el control de tu respiración.
La respiración abdominal o diafragmática ayuda muchísimo a controlar un momento de ansiedad o pánico.
Sólo tienes que inhalar profundamente por la nariz, notando que el estómago se hincha; y soltar lentamente el aire por la boca, a intervalos.
Entender qué es la ansiedad es clave para controlar una crisis.
La ansiedad es un mecanismo de supervivencia de los seres vivos.
Serenarse y bajar el nivel de energía para controlar la situación.
La respiración diafragmática o abdominal, además de entender qué te está pasando, te ayudará a serenarte y a bajar el nivel de energía para controlar la situación.
Pensar y examinar la naturaleza de mis pensamientos.
El papel de los pensamientos en estas situaciones suele ser clave, ya que, cuando los síntomas físicos de la ansiedad son interpretados de manera negativa por nosotros, empiezan a generar pensamientos catastróficos relacionados con el miedo a perder el control, miedo a volvernos locos o incluso miedo a la muerte.
Identificar los pensamientos catastróficos y dañinos, para poder tenerlos bajo control.
Reestructurar, encontrar alternativas: No debemos quedarnos atrapados en el intento de cambio, importante salir de ese bloqueo y pasar a la acción y para ello es interesante empezar por respondernos a una serie de preguntas: ¿Cuál es exactamente el problema.
Aceptación, encontrar la salida a los problemas es más fácil si empezamos por aceptar los hechos en vez de negarlos.
Reintentar/Retomar la actividad que estaba haciendo.
Una vez aceptada la situación, tenemos que darnos la oportunidad de volver a intentarlo ya con menos ansiedad.
No podemos permitir que el miedo nos paralice.
Lo único que conseguimos evitando hacer cosas que nos generan miedo y ansiedad, es alimentar ese miedo.
Vuelve a intentarlo, no te quedes con la actividad sin hacer.
Recuerda RES-PI-RAR es la clave para actuar ante un ataque de ansiedad.