R Cuando la negatividad o el abatimiento perduran en el tiempo te van a impedir avanzar en tu vida. Te sientes incapaz de controlar las emociones y lloras con facilidad. Puedes llegar a sentir también agresividad, irritabilidad, con cambios de humor que no se pueden controlar y que pueden llevar a generar situaciones límite. Y ahí es cuando debes buscar la ayuda de un psicólogo.
Te llevas los problemas a la cama y no puedes desconectar. Esto deriva en problemas para conciliar el sueño y descansar. Pasan los días y la situación se va agravando, hasta el punto de no llegar a dormir ni dos horas diarias. Estas circunstancias afectan a tu bienestar emocional y a tu salud.
Surgen problemas físicos como consecuencia de la somatización de los problemas: dolores en diferentes partes del cuerpo, presión en el pecho, aumento de la frecuencia cardiaca, hiperventilación o respiración muy superficial y acelerada, sudoración, etc.
No te concentras en el trabajo y acumulas tareas, le ves lo negativo a todo, las relaciones sociales no te llenan, no encuentras pareja o si la encuentras solo le buscas los «peros»… Pasa el tiempo y sigues en la misma situación: nada te llena ni te ayuda a encontrar la estabilidad.
Ya sea un despido improcedente en tu anterior trabajo, una dolorosa ruptura con aquella pareja (tras haber estado profundamente enamorado/a) o la muerte de un ser querido. Resulta que ha pasado tiempo y no desaparecen los sentimientos de dolor, los pensamientos negativos o el trauma.
Tienes miedo al futuro, no lo ves claro. Y todo ello ocurre, ni más ni menos, porque no tienes un autoconocimiento suficiente, ni expectativas que te motiven ante lo que está por llegar.